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I Ching: Lo único que no cambia es el Cambio
Cuando la humanidad encontró la manera de leer el lenguaje secreto del universo.

El Hambre Ancestral de Ver lo Invisible
Hay algo en el ser humano que le lleva a querer mirar tras el velo del Misterio.
Desde que el primer homínido levantó sus ojos al cielo estrellado y sintió ese escalofrío que todos hemos experimentado alguna vez, surgió un presentimiento de que había algo más, algo invisible tejiendo esta realidad sensorial y, desde entonces, nuestra especie no ha dejado de buscar formas de traducir el misterio que nos envuelve.
Hemos lanzado huesos al aire. Nos atrevimos a “leer” las entrañas de animales, desciframos el vuelo de las aves… Estudiamos las estrellas, interpretamos los sueños, tiramos cartas, hablamos con el balanceo de péndulos… Cada cultura, en cada época y rincón del planeta, ha desarrollado sus propios métodos para un mismo fin… Intentar tocar a través de símbolos lo que existe más allá de la aparente realidad.
¿Por qué?
¿Qué nos impulsa a esta búsqueda incansable? ¿Por qué no nos conformamos con lo que nuestros cinco sentidos orgánicos nos cuentan sobre la realidad?
Tal vez, porque sabemos, con ese conocimiento anterior a todo razonamiento, que lo visible es como la corteza de un árbol. Que detrás de cada forma, hay una fuerza invisible que la sostiene. Que antes de que suceda un evento, hay una red de causalidades que trascienden nuestra percepción temporo-espacial.
Llamamos a estos sistemas "adivinación", como si a través de ellos pudiéramos adivinar un secreto guardado. Pero en realidad, lo que buscamos no es predecir el futuro. Lo que buscamos es comprender el presente tan profundamente que el futuro se revele como una inercia natural… Como cuando sabemos, mientras contemplamos el nacimiento de un río, que su recorrido lo llevará, inexorablemente, al océano.
Y, a día de hoy, esta curiosidad inicial, nos ha llevado a pretender leer el patrón antes de que el tejido se complete. Queremos escuchar la melodía de la existencia desde las primeras notas. Ansiamos ver el Río de la Vida aún estando parados en una recóndita orilla.
Pero, más allá de esta “insultante codicia esotérica”, entre todos los sistemas que la humanidad ha desarrollado para este propósito como puedan ser el tarot occidental, la astrología babilónica, las runas nórdicas, el oráculo de Delfos o los caracoles de Ifá, hay uno que destaca por una razón que pocos comprenden verdaderamente.
No porque sea más preciso. No porque sea más antiguo. Sino porque es, fundamentalmente, diferente en su propia concepción.
El Día que Encontré el Pozo en Medio del Desierto
Recuerdo la primera vez que mi maestro me colocó frente al I Ching. Me llevó como invitado para ser el consultante de un grupo de alumnos que estaban estudiando con él.
No esperaba nada en particular puesto que hasta ese momento, el I Ching era completamente desconocido para mí. Creía que tal vez podrían aparecer palabras crípticas envueltas en incienso, o algún misticismo teatral representado en un ritual. No sabía muy bien qué, pero lo cierto es que llevaba años buscando respuestas existenciales, recorriendo países y tradiciones, y acumulando conocimientos como quien recoge piedras pensando que algún día construirá un templo con ellas y, tal vez, eso me impulsó a vivir aquella experiencia.
Pero, entre todo lo que mi imaginación logró vislumbrar antes del encuentro, lo que no esperaba ni imaginé fue... encontrar silencio.
Un silencio tan denso que parecía tener peso. Como si la habitación entera se hubiera sumergido bajo el agua.
Mi maestro, aunque en aquel momento yo no lo consideraba como tal, comenzó a realizar un movimiento particular con unos dados que sacó de su bolsillo… Era como si estuviera tocando un instrumento invisible. Sus manos se movían con naturalidad, sin prisa, y trazando una especie de formas geométricas en el aire antes de que arrojara los dados sobre la mesa.
Y entonces empezó todo.
No habló del futuro. No hizo predicciones. No dio consejos sobre qué debía hacer con mi vida.
Habló de patrones. De ciclos. De cómo el universo entero es un solo organismo respirando, y cada situación de nuestra vida es una célula en ese cuerpo infinito del Ser Integral. Me habló de cómo todo está conectado por hilos invisibles y que, el I Ching los hace visibles, aunque sea por un momento fugaz, y solo perceptible por aquellos que se han vaciado de sí mismos.
Fue como encontrar un pozo en medio del desierto cuando ya había aceptado morir de sed.
No es que hubiera encontrado o me hubiera dado respuestas como tal. Más bien había encontrado un lenguaje capaz de formular nuevas preguntas que ni siquiera sabía que existían… Y esas preguntas, traían imágenes a mi mente que nunca antes había visto ni imaginado.
Esa tarde comprendí algo que cambiaría para siempre mi relación con lo que llamamos aprendizaje, ya que, en ese instante, supe que ya no había que buscar información o conocimiento… Ahí, tuve la claridad de que lo que realmente buscaba era Sabiduría. Y comprendí que la sabiduría no se encuentra en un libro o en una clase “formal”… La sabiduría surge como revelación en función de cómo te relacionas con lo que no puedes saber… sin la pretensión de alcanzarla y, mucho menos, utilizarla.
Y así, sintiéndome como alguien que acaba de experimentar un viaje dimensional, salí de esa primera clase… Mareado, desorientado, pero profundamente e inexplicablemente lúcido, consciente y despierto.
El Linaje que Sostiene el Puente Entre Mundos
Más tarde supe que aquello no había sido casualidad.
Aquel hombre de profundos ojos negros, era custodio de algo extraordinariamente antiguo y raro: el linaje Fang Shi, la más ancestral de las tradiciones que preservan la sabiduría del I Ching en su forma más pura, sin diluir, sin adaptar su esencia a los paladares modernos. Una tradición que guarda con reserva la sabiduría esotérica lejos del esoterismo que occidente se jacta de conocer.
Los Fang Shi, literalmente "maestros de los métodos", no eran simples adivinos. Eran los chamanes-filósofos, los místicos-metafísicos, los magos del mundo mágico de la antigua China, los que caminaban entre mundos, los “trazos de unión” que comprenden que la realidad tiene más “capas” que una cebolla, y que, cada capa requiere una mirada diferente para ser vista… Un punto de anclaje diferente como le explicaba Don Juan a Castaneda.
Ellos han sido quienes preservaron este conocimiento cuando los imperios caían y las dinastías se sucedían como olas en la playa. Lo guardaron en secreto, fuera de las conocidas fronteras cuando la quema de libros era una política de estado. Y para mí, lo más fascinante, es que lo transmitieron vía oral de maestro a discípulo en una cadena ininterrumpida que se remonta no a siglos, sino a milenios.
Y desde aquel primer encuentro, tal vez por una Gracia que aún no termino de comprender, y ni falta que hace, formo parte de esta extraordinaria familia de hombres libres.
No lo digo con orgullo en el sentido egoico de la palabra. Lo digo con el tipo de asombro inocente que se siente cuando miras el cielo estrellado y comprendes que eres y estás gracias a que todo lo demás existe tal como es. Te lo cuento a ti, con la gratitud de quien sabe que está sosteniendo algo que lo trasciende infinitamente y, al mismo tiempo, me sostiene en cada paso, y en cada respiración.
Soy afortunado. Me siento honrado… Y profundamente responsable de esta herencia que no elegí, pero que desde aquel encuentro me elige cada día para que quizás tú, también puedas adentrarte en el Gran Misterio llamado Tao.
Porque lo que los Fang Shi custodian no es un texto de consulta, y mucho menos la interpretación simbólica de una nimia traducción de un antiguo libro. Los Fang Shi tienen, sin poseer, un sistema completo de comprensión y percepción de la realidad. Una lente a través de la cual todo, absolutamente todo, se revela bajo patrones que antes eran invisibles… Esta es la Vía del Clarividente, esa tercera atención que está más allá de la realidad aural.
Más Allá del Oráculo: La Metafísica de la Totalidad
En este aspecto existencial es donde el I Ching se separa radicalmente de otros sistemas adivinatorios.
El tarot occidental tiene 78 cartas, algunos afirman que en sus inicios fueron 64 pero, después de perderse una información metafísica de su estructura, se logró equilibrar gracias a unos ajustes que lo llevaron a incluir algunos arquetipos inexistentes en su origen. Las runas nórdicas tienen 24 símbolos y la astrología occidental transita por 12 casas… y, podríamos decir que todos ellos son sistemas finitos, estáticos, con los que se pueden mapear aspectos específicos de la experiencia humana, ya que, digamos que han sido creados por humanos para entender y observar la dimensión humana.
Pero el I Ching no funciona así.
En su corazón late la comprensión más profunda y sencilla que la filosofía humana jamás articuló: la Unidad primordial que se expresa a través de la dualidad.
Yin y Yang. No como opuestos que luchan, ni siquiera como complementarios que danzan. Algo más allá de la luz y la sombra, lo receptivo y lo creativo. Algo que trasciende lo femenino y lo masculino, el valle y la montaña, el agua y el fuego… Sabemos que de esa dualidad primordial emergen los 64 hexagramas que, más allá de ser símbolos arbitrarios, nos evidencian todas las combinaciones posibles de cómo yin y yang pueden relacionarse.
¿Se comprende la profundidad de esto?
El I Ching no está mapeando 64 situaciones humanas o existenciales específicas. Está mapeando toda posible configuración de la realidad manifestada. Cada momento de tu vida, cada situación, cada dilema, cada encrucijada... es expresada como una interacción particular entre yin y yang. Pero también todo lo que hubo antes, incluso antes de los planetas y sistema solar, y todo lo que hay después… Es decir, todo lo que sucede en lo temporal y, al mismo tiempo, lo que acontece en lo atemporal. Pero también, rebeldemente, muestra lo que hay más allá de esta estructura tridimensional, es un portal no solamente temporal, sino también espacial.
Por eso no es solo un oráculo. Es un sistema metafísico completo para comprender la realidad, más allá de lo humano. Podríamos decir que es un mapa topográfico de la manifestación de la consciencia/energía misma.
Por eso, cuando no te acercas al I Ching en busca de respuestas fáciles para tus problemas, encuentras un camino de realización del Ser, una vía de crecimiento espiritual (también personal como proceso previo a la realización del Ser), con el que la Eternidad se revela como una Madre a través de un abrazo que diluye la aparente separación, permitiendo la contemplación de lo que esta tradición llamó Ser Integral.
Las Sociedades Matrísticas y el Nacimiento del Yin-Yang
Pocas personas saben que el I Ching no nació en una sala llena de varones discutiendo abstracciones filosóficas.
Sorprendentemente para muchos, nació en las primeras sociedades matrísticas de la China antigua, comunidades donde lo femenino no era subordinado sino celebrado como fuente de vida y sabiduría. Fue allí donde surgieron las primeras escuelas del yin-yang, donde las mujeres sabias eran las primeras "lectoras del cambio", donde los Fang Shi comenzaron su transmisión oral con la que perpetuar la Verdad que todo patriarcado ha intentado ocultar.
Y, obviamente, todo eso no es coincidencia.
El principio femenino comprende intuitivamente lo que el principio masculino tiende a conceptualizar: que la vida no es lineal sino cíclica. Que todo fluye y refluye como las mareas. Que el poder no está en resistir el cambio, mucho menos en controlarlo, sino en danzar y fluir con Ella, con la Vida.
Estos seres, hombres y mujeres, ubicados en la vacuidad de su centro, observaban la naturaleza con una atención que las culturas occidentales han olvidado. Veían cómo la luna menguaba y crecía. Cómo el invierno fertilizaba con cenizas de escarcha los campos donde la primavera florecería. Cómo el día se rendía a la noche que se entregaba al día en un cortejo eterno sin vencedor ni vencido. Algo muy distinto a lo que las tradiciones occidentales dejaron como legado al contar un sin fin de batallas en donde lo masculino, el Sol, Ra o incluso Marduk, sometía y vencía día tras día a lo femenino.
Y por ese extremismo planetario que dio origen al poder patriarcal que tanto se critica en la actualidad, los Fang Shi comenzaron a codificar ese conocimiento ancestral. A crear un lenguaje simbólico que pudiera capturar no los objetos, sino las relaciones entre ellos. No las cosas, sino los hilos invisibles que conectan las cosas, los acontecimientos y a todos los que surgimos en la Vastedad de la Eternidad.
Ese fue el nacimiento del sistema que eventualmente se convertiría en el I Ching, aunque no el I Ching exoterico que llegó a occidente a través de un cristiano converso.
Un I Ching que los Fang Shi, nuestro linaje, tejen con la seda más antigua que conecta esas escuelas primigenias con este presente. La tradición que nunca olvidó que este conocimiento no es masculino ni femenino, sino de aquellos que buscan la integración consciente de ambos principios. Los que buscan, tal vez sin saber que lo buscan, el despertar del Ser Integral.
La Tablilla del Cielo: Cuando los “Dioses” Trajeron el Mapa
Pero hay otro capítulo en esta historia. Uno que a los oídos occidentales suena a fantasía, pero que para el pensamiento chino tradicional es tan real como la historia que tu abuelo te contaba sobre cómo conoció a tu abuela.
Según la mitología ancestral, el I Ching no fue inventado por humanos. Fue entregado a la humanidad.
La leyenda habla de Fu Xi, el primer emperador mítico, quien recibió el conocimiento de los trigramas mientras observaba las marcas del caparazón de una “tortuga sagrada” que emergió del río Amarillo. Esta podría ser la historia exotérica, mitológica, pero hay versiones más antiguas, susurradas a aquellos que escuchan desde la segunda atención, que hablan de “seres celestes” que descendieron en aquellos tiempos primordiales, tal vez en naves espaciales, para entregar este mapa de la realidad a una humanidad que recién estaba despertando.
¿Extraterrestres como coloquialmente se les llama? ¿Viajeros interespaciales que llegaron en naves de luz?
Tal vez “extraterrestre” es una palabra imprecisa que usamos para nombrar inteligencias que existen en dimensiones que nuestra física apenas está empezando a conceptualizar. Tal vez esa historia habla de maestros de otras razas que habitan realidades paralelas. O quizás, y resulta más hermoso e intrincado, eran humanos del futuro tan evolucionados en consciencia que parecían dioses a los ojos de aquellos que encontraron en esta línea temporal.
Lo que importa, tal vez, no es si la historia es literal. Lo que importa es lo que la historia nos señala: que este conocimiento ancestral trasciende lo humano, y por ende, lo mundano.
El Mundo Mágico que Occidente Rechazó y Oriente Abrazó
Y aquí llegamos a una de las diferencias más profundas entre la cosmovisión oriental y occidental.
En Occidente, desde el humanismo de la antigua Grecia y Roma, pasando por la Santa Inquisición hasta la Ilustración, se ha enseñado que lo mágico no existe. Que los espíritus son superstición. Que todo debe ser medible, cuantificable, repetible en un laboratorio o, de lo contrario, no es real.
Digamos que se sacrificó la magia frente al altar de la religión monoteísta o en el laboratorio del método científico. Y, al parecer, se ha ganado tecnología, sí… Pero se ha perdido algo que seguramente es más valioso: la capacidad de habitar un universo encantado.
En China, en Japón, en las culturas shintoístas y chamánicas de toda Asia, nunca hicieron esa división esquizofrénica. Ellas, se permitieron vivir al interior del Misterio, dentro de una Hembra Misteriosa, o Tao, como lo llamaron aquellos primeros Fang Shi.
Para ellos, los espíritus de los ancestros son tan reales como tus vecinos. Los kami (deidades) que habitan en ríos y montañas no son metáforas poéticas sino presencias vivas. La idea de que una tablilla divina trajera un conocimiento cósmico no es más extraña que la idea de que un científico tenga una inspiración súbita que revolucione la comprensión de la física, o que otras tablillas se consideren mandatos divinos… Por qué creer así en relación a unas inscripciones en piedra, y no en las que aparecieron en ese mágico caparazón de tortuga.
Allá, donde nace el Sol y tal vez las cosas se vean con más claridad, no separaron el mundo visible de lo invisible. Simplemente reconocieron que ambos son aspectos de una misma realidad… Yin-Yang.
¿Son más "primitivos" por concebir así la realidad? ¿O tal vez lo sea esa mente occidental por creer que con cinco sentidos se puede capturar la totalidad?
Cuando se consulta el I Ching, habría que estar operando desde esta cosmovisión, la del Ser Integral. Recuerda que, los Hexagramas, nos hablan de que la realidad tiene más capas, o dimensiones, que las que aparecen en la pantalla del ordenador de un programador. Se está dialogando con esa dimensión misteriosa donde pasado, presente y futuro no son una línea recta sino una amorfa atmósfera que cobija este misterio abismal que llamamos tiempo.
Y tal vez, solo tal vez, esta sea la manera en la que en un súbito e inesperado instante te encuentres tocando el mismo conocimiento que aquellos "seres celestes" entregaron a la humanidad hace milenios… sea lo que sea lo que esto realmente signifique.
El Libro Vivo que Lee al Lector
Hay algo más que hoy quiero decirte antes de que comencemos este viaje juntos a través de los 64 hexagramas.
El I Ching no es un libro muerto de hojas amarillentas. Es un organismo vivo como así demostró Jung en aquella experiencia que él mismo comparte en el prólogo de la versión de R. Wilhelm.
Cada vez que lo consultas desde esta visión de los Fang Shi, con reverencia, con apertura, con la humildad de quien se acerca sin pretender controlar la respuesta, el I Ching te lee tanto como tú lo puedas leer a él.
Te muestra no lo que quieres ver, sino lo que necesitas ver. No te dice lo que debería pasar, sino te revela el patrón que ya está desplegándose. No predice tu futuro; ilumina tu presente con una luz tan intensa que el futuro se vuelve transparente, o más bien inexistente.
Por eso en las próximas entradas de esta sección iremos, hexagrama por hexagrama, explorando cada una de estas 64 configuraciones de la realidad.
No como curiosidad intelectual. No como información para acumular. Sino como un mapa para avanzar en tu evolución espiritual, en tu crecimiento personal, en tu propio autoconocimiento. Así, cada Hexagrama, será como una llave que abrirá puertas en tu consciencia y desplegará senderos que no imaginabas que existían.
Cada hexagrama es un universo completo. Una enseñanza. Un espejo. Una pregunta y una respuesta que generarán nuevas preguntas, o más bien nuevos descubrimientos.
Y todos ellos, juntos, forman una geometría que contiene la Sabiduría que la humanidad jamás haya desarrollado, sea de dónde sea que lo haya recibido.
La Invitación al Diálogo con lo Invisible
Y más allá de todas estas historias mágicas, no necesitas creer en nada para que el I Ching te hable, te muestre o te guíe.
No es necesario aceptar su origen mitológico. No necesitas convertirte al taoísmo ni aprender chino ni quemar incienso bajo la luna llena, o realizar el ritual de las varillas de milenrama.
Solo necesitas una cosa: la disposición a escuchar, de crecer y de seguir avanzando en la relación con la vida y contigo mism@.
Escuchar no con los oídos, sino con esa parte de ti que, sin saber que sabe, sabe. Con esa intuición que poco escuchas, ya que la educación y la cultura te enseñaron a desconfiar de ella, pero que sigue susurrándote verdades en el fondo de tu ser.
Porque, en última instancia, el I Ching es una tecnología espiritual avanzada para navegar el misterio de estar vivo en un universo que es, simultáneamente, completamente comprensible y absolutamente inexplicable.
Tal vez, hexagrama tras hexagrama, logremos comprender no solo qué dice el I Ching, sino por qué la humanidad necesita desesperadamente recuperar este tipo de sabiduría en un mundo que ha confundido información con conocimiento, y esta data con una sabiduría al servicio del poder.
Bienvenido al “Libro de los Cambios”, que habla del único cambio que realmente importa: el tuyo.
¿Has sentido alguna vez ese impulso inexplicable de buscar respuestas más allá de lo que tus cinco sentidos pueden capturar? ¿Qué sistema o práctica has utilizado para dialogar con el mundo invisible?
En la próxima entrada de esta sección, comenzaremos nuestro viaje con un acercamiento a los Hexagramas desde una visión biológica, psicológica y espiritual con la que comenzar este fascinante viaje.
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